13 de enero de 2011

Indio hace barullo

El Impenetrable. Así lo definió ella luego de conocer su lugar de residencia y por ser, el flaco, verdaderamente impenetrable. Se conocieron hace algunos años y ella jamás pudo olvidar su sonrisa. Esa sonrisa ke podría derretir glaciares y enamorar a los desorbitados que transitamos esta vida sólo porke el aire es gratis. A su merced. Así se encontraba ella aunke no lo deseara. El reloj continuaba su marcha, los días pasaban sin pena ni gloria. Sábado por la noche. Varios amigos y un lugar en común te permitieron volver a verlo y sentir cómo su cercana pero tímida mirada penetraba tu ser, y cómo todas sus actitudes, comentarios y movimientos se encontraban directamente vinculados a vos. Tu sistema nervioso comenzaba a desarticularse y su novia, su tan risueña y bella compañera de la vida, afilaba los colmillos para comenzar la pelea.

Meses después, muchos meses después y gracias a su nueva faceta de capitalista inversor volviste a verlo. Y otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Era el dueño del lugar más copado de la ciudad (al menos para vos!) Ese lugar ke tiene algo ke no permite ke te vayas. Como un imán! para ke tu colita permanezca en esa silla durante horas y sólo tengas ke moverte para hacer pis o ir hasta la barra porke la mesera no te ve levantando la mano. Miradas van, miradas vienen. Son más las ke van ke las ke vienen pero ese jugueteo de miradas secretas, de provocación constante y complicidad mutua te enlokecían cada vez más. Y así transcurren los días y ese indio de provincia limítrofe, sin kererlo y con calma se había adueñado de tu corazón.

Húndete en el chaco y comienza a rezar ke del impenetrable no podrás zafar

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